"El Estado argentino avaló un reparto de utilidades del 90% y que deje de liquidar en el país hasta el 70% de lo obtenido por sus exportaciones, lo que produjo el vaciamiento de la empresa", al tiempo que señala la responsabilidad del representante del Estado en el directorio de Repsol, Roberto Baratta. Debe mencionarse que no se trata de cualquier funcionario, sino de uno de los pocos que goza de la total confianza de Cristina Kirchner y Julio De Vido al mismo tiempo. En realidad, la jugada oficial de involucrar a la CNV es desacertada y tardía. ¿Qué ocurriría, por caso, si alguien decide ir atrás en el tiempo y hurgar en los días en los que Néstor Kirchner decidió comprar acciones de YPF por unos 290 millones de dólares, a 19 dólares cada acción para luego venderlas a 44,78? Peor aún, ¿qué pasaría si a alguno se le ocurriera indagar sobre las regalías mal liquidadas que el ex ministro Domingo Cavallo le entregó a él y su esposa, hoy Presidenta, a cambio de que apoyen la privatización de la otrora firma estatal?
Ese dinero ascendía entonces a poco más de 650 millones de dólares y fueron girados al exterior por el mismo matrimonio. Veinte años más tarde, nada se sabe sobre su destino, parte de otra trama escandalosa, casi olvidada en estos días: la de los fondos de Santa Cruz."¿Por qué solo debe investigarse lo que quiere el Gobierno y no toda la historia de YPF?", se preguntó retóricamente un importante dirigente radical esta misma semana. La respuesta llegó involuntariamente por parte del diputado Ricardo Alfonsín, quien de inmediato reclamó una auditoría a YPF a efectos de hallar a los verdaderos responsables de los incumplimientos. "El Gobierno teme que la sociedad descubra que tiene la responsabilidad principal de esta grave crisis energética", señaló el legislador.Como sea, el avance sobre YPF hoy se torna complicado para el oficialismo: mientras que los países vecinos —otrora solidarios con la Argentina— callan al respecto, España ha logrado el apoyo irrestricto de la Unión Europea y los Estados Unidos. Ello explica por qué Cristina se echó atrás en sus planes de expropiar la empresa, plan que le había sugerido el ascendente camporista Axel Kicilloff.
Es un duro golpe para el oficialismo, sobre todo porque la importación de combustible sigue trepando y obligará al Estado a desembolsar más de 14 mil millones de dólares solo durante 2012. ¿De dónde sacar esos fondos? ¿Cómo conseguir tanta cantidad de dólares?
Ese dinero ascendía entonces a poco más de 650 millones de dólares y fueron girados al exterior por el mismo matrimonio. Veinte años más tarde, nada se sabe sobre su destino, parte de otra trama escandalosa, casi olvidada en estos días: la de los fondos de Santa Cruz."¿Por qué solo debe investigarse lo que quiere el Gobierno y no toda la historia de YPF?", se preguntó retóricamente un importante dirigente radical esta misma semana. La respuesta llegó involuntariamente por parte del diputado Ricardo Alfonsín, quien de inmediato reclamó una auditoría a YPF a efectos de hallar a los verdaderos responsables de los incumplimientos. "El Gobierno teme que la sociedad descubra que tiene la responsabilidad principal de esta grave crisis energética", señaló el legislador.Como sea, el avance sobre YPF hoy se torna complicado para el oficialismo: mientras que los países vecinos —otrora solidarios con la Argentina— callan al respecto, España ha logrado el apoyo irrestricto de la Unión Europea y los Estados Unidos. Ello explica por qué Cristina se echó atrás en sus planes de expropiar la empresa, plan que le había sugerido el ascendente camporista Axel Kicilloff.
Es un duro golpe para el oficialismo, sobre todo porque la importación de combustible sigue trepando y obligará al Estado a desembolsar más de 14 mil millones de dólares solo durante 2012. ¿De dónde sacar esos fondos? ¿Cómo conseguir tanta cantidad de dólares?
